martes, 24 de febrero de 2009

Con tantas libretas, folios arrugados, márgenes de libros y servilletas de papel que llevo llenando años y años (en resumen, cualquier superficie "escribible"), me planto ante el ordenador, coloco las manos sobre el teclado y ... nada.
Un día duro en la universidad, muchos trabajos, calor (febrero en Galiza no es así, maldito Madrid ¬¬) calor, calor... calor que me nubla la vista. ¿Sólo lo noto yo? Me cuesta respirar, y el aire no se mueve en la clase. Opto por marcharme, caminar hacia la puerta y tomar la primera bocanada de aire que entre en el edificio. Pero, en cambio, salgo y hace sol. Me pongo las gafas pero me ciega. Y el calor del edificio es demasiado insoportable. Todo a mi alrededor me parece ondulado, como en los desiertos de las películas. No entiendo qué me pasa, pero me empiezo a encontrar realmente mal. El camino al metro se hace eterno, solo rezo por que allí abajo no se repita el calor sofocante. Y me equivoco. Nada más subirme a las escaleras mecánicas, una bofetada de aire espeso me da en la cara. La mochila me pesa cada vez más. Las 9 paradas de metro se me hacen insoportables, agarrada a una barra resbaladiza que evita que mis piernas cedan ante mi peso.Por fin en la residencia, agua fría en la cabeza y me dejo caer en la cama, aún deshecha.
Y ya veis, al final sí que he escrito algo.

jueves, 19 de febrero de 2009

injusto


No soy capaz de entender como la mente de algunas personas hoy en día está tan cerrada. Quizás es por ignoracia, o quizás son así porque quieren. Pero yo sigo sin entenderlo. ¿Cómo vamos a aceptar la multiculturalidad si directamente ya discriminamos a personas que proceden de otra parte, incluso de dentro del mismo país? Además en una cuidad grande, donde la mitad son extranjeros.

No entiendo como alguien que se supone que nos tiene que explicar los principales fundamentos filosóficos de los grandes pensadores, principalmente los aplicados al campo de los derechos, es capaz de hacer distinciones entre sus alumnos basándose en su lugar de procedencia. Pues si.

Y yo que pensaba que esas barreras estaban superadas ... Y claro, como siempre, a los que tienen el poder no se les puede decir nada. No puedo responder, no puedo defenderme. Sé que saldría yo peor parada. Algo que pensé que nunca me pasaría, pues sí, estoy viviendo en estos momentos el desprecio de una persona por proceder de otra comunidad autónoma, por tener una lengua diferente al castellano, por ser diferente.

Y también pensaba que si en algún momento me pasase esto, que no me iba a afectar, que no me iba a debilitar. Pero también me equivocaba, y sólo tengo ganas de volver a casa. No voy a bajar la cabeza, no quiero. Sólo necesito sacar fuerzas de algún lado, estoy muy cansada de todo...


miércoles, 18 de febrero de 2009

universidad

Madrugar, desayuno rápido, metro...

Gente en la universidad, en la cafetería sobre todo. Cafés y cervezas mañaneros. Yo casi prefiero la cerveza. Una clase aburrida y otro entretenida. Mucho curro, el profesor nos mete prisa, "como futuros periodistas, ¡tenéis que aprender a trabajar con el tiempo pegado al culo!".

Pero a mediodía sale el sol, los jardines se llenan de vaqueros rotos, litronas, libros en el suelo, y hasta alguna que otra guitarra. Mis amigas y yo optamos por unirnos también, prefiriendo sentir el sol mejor que la luz del proyector de clase. Una de ellas está enamorada de un francés de rastas que está sentado a nuestro lado. Otra está liando algo que huele verdaderamente bien. Yo me tumbo lentamente, mirando al cielo...azul, sin nubes... Alguien me ofrece un poco de cerveza, y me levanto para refrescarme. Me doy cuenta de que de repente mi amiga se levanta, y se sienta al lado del francés. La otra me pasa el porro y se levanta. Había olvidado algo. Yo me quedo allí, sintiendo como el calor va penetrando lentamente por mi cazadora. Estoy rodeada de gente pero me siento como ausente, como en una burbuja, estando allí, pero sin estar realmente.

Alguien de repente me tapa los ojos, y sonrío. Se acerca y me roza el cuello lentamente con los labios. Pero el calor se va en un instante, y me sobresalto. Era el viento, frío. Y pensaba que eras tú... Mi corazón volvió a su sitio, y volví a tumbarme en la hierba, mirando al cielo, sin nubes...

martes, 17 de febrero de 2009

...y nos quedamos dormidos con la música puesta. La mesa llena de botellas de cerveza y restos de tabaco, marihuana, y algo de coca. También había una botella de whiskey, por la mitad.
Habías estado tocando la guitarra, y aún seguía fuera de su funda, apoyada en el sofá.
Las ventanas estaban abiertas, hacía bastante calor. Había también gente durmiendo en el sofá, otros charlando en voz baja en la terraza, aunque ya empezaba a amanecer.
Me desperté. Antes de abrir los ojos, noté tu brazo rodeándome la espalda, e intenté recordar toda la noche. Todo estaba bastante borroso. Me acordaba de canciones, de olores, de reírnos hasta que nos dolía la barriga, del ácido, colores, movimiento...
Me levanté preguntándome dónde estarían mis pantalones. Una vez que los recuperé salí a la playa, y me di un baño mientras comenzaban a salir los primeros rayos de sol.
Cuando volví te habías levantado.

-Buenos días cariño, ¿te apetece desayunar?
-Sí, ¿me haces algo?
-Vale, voy a por el whiskey.