lunes, 30 de marzo de 2009

Con el sonido de un piano empiezo mi viaje. La música está a volumen bajo, y poco a poco voy dejando de escucharla. Me voy sumergiendo en las palabras, como si de agua se tratase, y todo a mi alrededor se vuelve borroso, como si no llevara gafas de buceo. Tan solo las letras permanecen nítidas, y me van atrapando. Mi mente vuela alto, el colchón cada vez se vuelve más blando. Ya no noto la cabeza apoyada en la dura pared, ni que tengo frías las puntas de los pies. Comienzo a escuchar las olas, y huelo a sal. Las agujas del reloj avanzan a escondidas, a mi me parece que pasan segundos, pero también años.

Vuelvo en mí cuando la poca luz de la calle casi no me permite seguir leyendo. En la cabeza vuelvo a notar la dureza de la pared. Tengo frío ya en todo el cuerpo. Las olas se desvanecen de repente, la música terminó hace tiempo. Me incorporo en la cama y veo los edificios a través de la ventana.
Cierro en libro y lo dejo en la mesilla. Intento situarme fuera de esas páginas y me desperezo. Ojalá pudiera permanecer entre las páginas todo el día.

domingo, 22 de marzo de 2009

y me desmorono


Primero, teníamos que formar una buena base, crecer, estabilizarnos y comenzar nuestro camino. Luego, afianzar esa base. Y elegir. Elegir me costó mucho, me costó horas, sacrificios, decisiones que mi madurez no alcanzaba a comprender. Después de elegir, teníamos que echar a volar, apartar todo lo anterior y comenzar otra etapa. Se supone que a partir de ahí las cosas vuelven a estabilizarse. Nada de decisiones difíciles. Nada de elegir. Todo lo que tenemos que hacer es continuar por el camino marcado. Pero nadie me avisó de los cambios. De que en cuestión de semanas se podía desmoronar todo. Que miles de posibilidades me azotarían por cada costado, no dejándome avanzar, debilitándome cada vez más. No quiero tomar más decisiones. No quiero más dilemas. Mi camino tiene demasiados surcos, demasiados baches, tantos que no me veo capaz de poder superarlos. Intento arrastrar conmigo todo lo que forma parte de mi, pero tengo la impresión de que se me desprenden pedazos que van quedando atrás, e intentando recogerlos pierdo el norte y me desvío. Intento mirar atrás para ver el rastro que he dejado, pero está demasiado borroso, y mi propio orgullo no me permite dar un paso atrás. Tengo que sacar las fuerzas de algún lado para poder resurgir, como un fénix. Un ave grande y colorida, que bate sus alas con fuerza, alejando el mal de su alrededor y volando bien alto dejando huella a su paso. Pero el cansancio es como plomo en los pies, y a mi alrededor todo va cayendo en pedazos. ¿Cómo hago para recogerlos?Quiero que todo vuelva a la normalidad, no quiero sobresaltos, no quiero tener que elegir entre dos partes vitales de mi. No quiero las partes, quiero el todo.

lunes, 2 de marzo de 2009

libertad cultural

En unas elecciones se gana o se pierde. Pero cuando se pierde, y lo que gana es algo destructivo, un sentiemiento de rabia, de querer pero no poder hacer nada, te invade las entrañas.
Nada más pasar 24horas ya se estudian medidas abrasivas para la cultura, para el idioma, para la enseñanza. Y, ¿cómo vamos a mantener una cultura propia si ni siquiera nos dejarán impartirla en las escuelas?
En apenas un día se barajan múltiples posibilidades, cada una peor que la anterior, para sacar adelante el país. Estamos en crisis, sí, pero eso no se soluciona pisando por completo una sociedad.
Es difícil comprenderlo cuando no se tienen dos culturas, y una intenta pisar a la otra. Mejor dicho, el poder hace que una pise a la otra. Ahora veo todo lo que está pasando lejos de allí, lejos de esa tierra ahora dividida, con conflictos lingüísticos y culturales.
Solo quiero libertad, que cada cual escoja su cultura y no que se le impornga mediante decisiones de poder. Aunque , como siempre, estas líneas se van a quedar aquí, y la gente que piensa como yo se callará. Nos callaremos. Qué remedio : mayoría absoluta. Ellos, ¿son mayoría?